En esta ocasión he querido realizar una deslectura del poema “para ningún destinatario” de Enrique Lihn,
sin embargo antes de proceder al texto mismo y su decantación creo que
es pertinente entregar algunos datos sobre el marco que envuelve a esta
pieza, el libro que cobija al poema y sus circunstancias.
Este texto se haya presente en el libro Estación de los desamparados, libro del chileno paradójicamente inspirado por
su estancia o “estación” en Perú con motivo de la solicitud que le
hiciese el poeta César Calvo para fungir como jurado en un festival de
la canción. El libro, concebido allá por el 72 llegó a ser
publicado recién diez años después en un tercer país, México. Las razón
para tan dilatada presentación de esta obra que goza entre el grueso
del trabajo poético de Lihn de una escasa difusión, es principalmente
el recato editorial, pues se pensaba que la imagen que este poemario
entregaba del Perú en aquella década gobernado por Velasco y su régimen
Revolucionario de las Fuerzas Armadas, con todas las consecuencias que
la dictadura tuvo sobre la economía, agricultura e intervencionismo en
la prensa, podía resultar desalentadora, cruda e incluso ofensiva.
.....¿Es este un país civilizado?
Yo personalmente creo que no. Este es un país bárbaro
que vive una guerra permanente consigo mismo,
una guerra no declarada.
Se ha montado aquí una gran maquinaria.
La Maquinaria del Ocultamiento de la Verdad en el Perú.
Esta opinión fue compartida por el propio autor, quien la hizo
explicita al referirse a la división que presenta el poemario. De
acuerdo a Lihn, el texto trataría: en
su primera parte, de una "intromisión valorativa, gratuita y poco
diplomática en los problemas de un país hermano" (Lihn 1997: 379-380),
y un "cancionero amoroso" en la segunda
Al respecto es necesario señalar también que la obra recibe su nombre
en honor a la estación de ferrocarril Desamparados situada en Lima. El
creador, en el título, juega polifónicamente con ambos vocablos al
aludir no sólo al lugar físico, edificio ubicado en el margen izquierdo
del hablador, o sea el río Rimac sino que busca connotar la condición
metafísica de soledad, de desesperanza atestiguada en el lapso que
vivió en calidad de extranjero (esto lo veremos en detalle una vez realizado el análisis).
El autor añade además en el libro definitivo, editado por Premiá en el
82, la siguiente cita que ilumina a los intérpretes en cuanto a la
recepción y lectura histórico-política subyacente: Este
libro, pues, que abunda en un corazón partido, es al mismo tiempo una
crónica del Perú: repetición, más o menos literal, de textos orales
harto inocentes por lo demás, como se verá; obra de montaje con
materiales del natural. La sección segunda –el cancionero de la
estación- es el desamparo menos Lima. No tiene connotaciones
histórico-político-geográficas: Son estas las que han mantenido el
libro en la inedición. (Lihn 1982: 9)
Es mucho lo que podemos obtener de estas palabras para comprender la
génesis y devenir de Estación de los desamparados, se admite en primer
lugar el carácter cronístico, de diario de viaje o vida de la obra para
aludir luego de forma no menos directa y categórica a la función
política que empapa al texto en general, o al menos a la primera parte.
En cuanto a esto, hay que agregar un dato curioso y no menor, que el
santiaguino rápidamente deja en claro, la visión desplegada en torno al
país de Vallejo, no surge solo de la memoria e impresiones
personalísimas que Lihn pudiese tener, sino “de la repetición, más o menos literal, de textos orales harto inocentes por lo demás” o sea contaminado por las conversaciones que tuviera con su pares intelectuales y artistas del Perú, en
definitiva estamos ante una obra que posee un efecto testimonial,
tomando como fuente misma el testimonio, o sea, la voz e interpretación
de terceros en la constitución del yo poético. Esto a juicio del
teórico literario Oscar Galindo torna más compleja la comprensión del
modelo genérico que estructura la voz del hablante y por ende las
aproximaciones que el lector pueda tener frente al poemario en la
medida que el retrato que Lihn hace del Perú no sólo bebe de discursos
interdisciplinarios propios del periodismo u otros géneros narrativos
por decirlo de alguna manera, sino que además recoge para su gestación
la opinión de otros, a los cuales el mismo poeta arguye, es mejor no
individualizar por su seguridad. Galindo señala al respecto que se
trata de: el testimonio del testimonio, es decir, la transcripción de relatos de otros o más bien el recuerdo de dichos relatos. El dialogo que se desarrolla con el Perú de aquel momento fluye en los siguientes términos
Estación de los Desamparados: aquí tendrían que llegar
los migrantes de la sierra arrojados a Lima.
Pero con seguridad avanzan penosamente hacia ella
en la dirección de estos cerros hambrientos
donde acampa el ejército de los que mueren y mueren
antes de la batalla
de los que viven y viven antes de la batalla.
La pregunta subsecuente es: ¿Dónde
establecer los límites entre el autor y el hablante en cuanto a
juicios?, son las opiniones de Lihn o de la voz que creo o tal vez son
sus pares los que producen estas digresiones. ¿Es el sentimiento de
extranjero el que se desnuda o son los residentes que hablan a través
del poeta?, quizá una amalgama:
En cuanto se toca el problema del indio –ya nadie lo toca, ningún
peruano habla de esto con sinceridad-
empiezan, pues, las hipocresías.
Yo no tengo ninguna solución para el problema del indio:
lo que ahorita les diga lo creerán un horror, pero no es mi solución:
nadie tiene ninguna.
Ese ahorita,
propio del habla del peruano, confunde al lector a la hora de
identificar al hablante, dónde empieza y termina la cita, hasta que
grado se compromete la voz de Lihn. Lo que si queda claro es que el
chileno, haciendo uso de estas estrategias que bordean lo anfibológico
plantea un nivel muy interesante de conexión entre poesía y
contingencia, aunando la percepción crítica de una multiplicidad de
voces, la suya propia, la de los peruanos y la del hablante que tiene
autonomía en la obra, por tanto el poeta metafísico que por lo general
debate en torno a la existencia, a la desconfianza de la palabra y que
busca ironizar la realidad con humor negro y desasosiego, también
orbita por lo que nos muestra este libro, fuera del esteticismo, del
texto volcado a sí mismo y compromete diversos estadios de la mirada
que circunda en torno a lo extratextual.
La situación de Estación de los desamparados empero, no culmina allí,
en ese tema que según Lihn contribuyó a mantener relegadas las páginas
del libro, o sea las connotaciones histórico-político-geográficas pues
la otra parte del texto aunque se mantiene en la tónica del desamparo
se aparta del germen social, de lo ideológico y comprometido con el
otro, con la alteridad en un nivel gregario al ser voyeur de la
maquinaria de ocultamiento de la verdad en el Perú y aborda otro
sentido al penetrar la vertiente íntima del amor o mejor dicho del
desamor, abriendo uno de los fetiches del poeta, el cuestionamiento
constante en torno a la incomunicación y lo complejo de sostener una
relación de pareja.
Fragmento de tus auxiliares fueron
(…)En lugar de una puñalada recibo un buen consejo.
Tu misma me alientas a la espera y a la prudencia
Te declaras preocupada por el estado en que me encuentro.
Sólo el escándalo y tu horror hacia él pondrían en evidencia
la verdad
de una ruptura glacial
(…)No me provoca ir a Machu Picchu.
Apuraré mi regreso
pero igual estarás a mil años de distancia
y tú serás mi ruina.
Fue así como llegué
...................... a envidiar
............................... ...... a los muertos.
Tal como se señala en la obra de Carmen Foxley: Enrique Lihn: Escritura
excéntrica y modernidad, las circunstancias personales que embargaban
en ese entonces al poeta, implicaban un quiebre amoroso que lo acompañó
de forma delirante durante su viaje. Esta cara de la realidad más
personal, la afronta con ironía y jocosidad a la par que deshilvana su
crónica del Perú hecha poesía; por tanto Estación de los desamparados,
en términos más acotados, podemos verla como un trabajo al estilo de Hunter S. Thompson y su periodismo gonzo,
aquel en que el cronista se vuelve parte de la noticia, “otro
testimonio del testimonio”, la crisis del hombre ante su pareja a la
luz del conflicto de los otros hombres con su patria.
Revisado someramente el contexto de la obra así como la
comunicación recíproca que sostienen ambas partes, Estación y
Cancionero de la estación respectivamente, llama la atención el poema Para ningún destinatario
por dos motivos. Primero porque incluye en su brevedad un sentido
totalitario. Un intento de definición del acto mismo de escribir, de
poetizar, el que podría compararse estableciendo un nexo
co-interpretativo con el poema clásico de Lihn “Porque escribí”
publicado en Musiquilla de las pobres esferas (1969) y en segundo lugar
porque a la luz de las condiciones testimoniales, extraliterarias e
incluso de compromiso político del poemario, mirada juiciosa que
Estación de los desamparados sostiene sobre el Perú, lo cual va
delineando el espíritu del libro de manera integra, el tono de Para ningún destinatario
pieza corta inserta dentro de la globalidad de la obra resulta
desconcertante pues su presencia marca “en apariencia” una oposición
tajante al sentir de la unidad y promueve un regreso al poeta
introspectivo batallando con sus delirios existenciales y su angustia
Wittgensteiniana. Por qué digo en apariencia, creo que antes de
detallar mi lectura lo justo es poner en conocimiento del lector, el
poema en cuestión.
Para ningún destinatario
sin la esperanza ni el propósito de influir sobre el curso de las cosas
el poema es un rito solitario
relacionado en lo esencial con la muerte.
Más que descomponer el texto como se hizo con TV y Sirenas, el caso de “Para ningún destinatario”
demanda poner atención a la idea que Lihn procura transmitir a
cabalidad al definir el acto poético y la poesía como un ritual
personalísimo ligado consustancialmente a la muerte, pues tomando como
base aquella afirmación que pone el acento en la nada, podemos señalar
su anverso o para algunos su correlato, el ser, lo cual resulta
clarificador. Ya que todos, la realidad humana en general al componerse
de existencias precarias, vidas que nacen para morir, para darse un
sentido en su corto lapso o estación, también se vinculan esencialmente
con la poesía o con el acto de crear en el transito que efectúan hacia
la muerte, por tanto podemos intervenir el texto original y señalar
que:
el poema es un rito solitario
relacionado en lo esencial con la vida
Ahora si a esto añadimos que el acto de vivir es a su vez un quehacer
solitario, desamparado, pues toca a cada uno por sí solo encontrar las
respuestas y elegir angustiosamente el sentido final que tendrá nuestro
devenir, previo al alcance de aquel destino infranqueable que arrastra
todo a la nada, hacia esa muerte o imposibilidad posible como la
llamaba el filósofo Martin Heidegger, podemos volver a intervenir el
poema y decir simplemente:
El vivir es un rito solitario
Aunque hay que agregar que
ese vivir, visto a los ojos de Lihn estaría cualificado de modo que no
es casual mi intervención al reemplazar la palabra poema por vivir,
pues si analizamos a fondo, descubriremos que para el escritor, el acto
de escribir y vivir, de poetizar y vivir son lo mismo. El poema como
creación, es un acto volitivo a veces inconsciente por parte del poeta
sin embargo fuera de la mecánica que lo impulse tal como ocurre en el
día a día con nuestros actos, lo que si es claro, es que siempre la
acción nos afecta, da vida, muerte y sentido a la realidad que vamos
diseñando. Volvamos entonces al caso de Enrique Lihn como creador de su
propio tiempo, con todo lo que ello implica. El poeta da vida a su
propia realidad, en estación de los desamparados lee y vive al mundo,
lee al Perú de los setenta con todos los recursos que tiene para
hacerlo, medios propios o gracias a testimonios o lecturas de terceros,
de tal modo elige como crear su vida, como escribir su existencia y la
de esa realidad que le toco enfrentar (días de mi escritura, solar del extranjero) dice en Porque Escribí, por tanto Lihn vive y escribe al Perú, tal como lo hizo con Paris, El paseo Ahumada en Chile y Nueva York
y como él, todos los que asumimos aquella voluntaria obsesión y
esclavitud ante las letras (así lo expone Vargas Llosa) prefiguramos el
acto de vivir escribiendo, de poetizar la vida como el más rotundo e
importante hacer, actuar.
Al escribir estamos ante un sinónimo de vivir, de modo que nace un par
indiferenciado que se concreta en vivir/escribir nuestros días,
disfrutar y crear nuestra vida/escritura, sólo de ese modo damos
sentido a aquella angustia del ser, a ese tiempo al que hemos sido
arrojados para correr contra aquel destino ineludible, la muerte y
nada. En conclusión una última intervención al texto original sería:
El poema/vida es un rito solitario
Concluida esta primera parte del análisis y tras tanta intervención al
poema original, debo señalar con pudor que el argumento desplegado para
leer este texto Lihniano puede resultar arbitrario y por lo mismo,
podría ser considerado por el lector como una mirada escueta,
unilateral y existencialista, a lo cual puedo contra-argumentar como
redactor que se trata tan sólo de mi lectura o deslectura, mi diálogo
con Lihn bajo esos términos, los cuales me permiten reconocer en poema
tan sencillo, una visión trascendente que se despliega en torno al
poeta como hombre que reconoce su finitud y vive la escritura a la par
que escribe su vida. Sin embargo insisto, a riesgo de sonar majadero,
que Lihn, escritor y hombre se sabe finito por ello vive su escritura y
escribe su vida ajeno a toda inactividad, o abulia compadeciente, como
respaldo y refuerzo a esta visión pragmática que doy de la soledad
(desamparo) y saparatidad (vida/muerte) a través de “para ningún destinatario” ,
resulta necesario a fin de romper lo monológico del artículo, recurrir
Lihn-güísticamente a otro texto del poeta, al remate de la pieza
“Porque escribí”
Pero escribí y me muero por mi cuenta,
porque escribí porque escribí estoy vivo
En este fragmento del poema Porque escribí, suerte de manifiesto del
vivir/escribir queda claro cómo para Lihn y su hablante, el acto de
crear y re-crear la realidad a través de la palabra esta relacionado en
lo más íntimo y esencial con la vida y por ende con la muerte como
literalmente se expone en Para ningún destinatario.
Visión que se resume taulógicamente en la forma que la muerte llega al
poeta, este muere por su cuenta, o sea en sus términos pues como
escritor vivió su estación desamparada, su lapso solitario hacía el fin
como quiso y si pudo ese querer, fue porque en definitiva, escribió su
realidad. Porque escribió pudo vivir.
Al respecto, se hace necesario si hablamos de realidad y su
connotación, no olvidar la incoherencia aparente que ya se señaló y que
puede existir entre el texto analizado Para ningún destinatario
y el poemario al que pertenece este, estación de los desamparados pues
el poema desde el primer verso niega a un posible receptor y la
esperanza de influir en el curso de las cosas para luego presentarnos
una idea de la realidad vital creada desde la escritura lo que para
algunos implica una incapacidad de captar el yo fuera del cogito, o
sea, estamos ante una concepción de la escritura que fácilmente puede
ser acusada de burguesa u ombliguista, sentir contrario al espíritu del
poemario, pues Estación de los desamparados en su totalidad, navega
contra lo cerrado, metatextual y autorreferente, entregando un sentir
eminentemente cronístico y testimonial, focalizado en lo experencial o
extraliterario.
De cualquier modo para no caer en acusaciones y satanizar el compromiso
ético que desde su propuesta estética pueda tener Lihn, es necesario
recurrir a dos documentos, algunos versos del aludido poema Porque
Escribí y un fragmento del artículo LOS LIHN: CONDENADOS A LA IRREALIDAD escrito por Cristián Warnken Lihn, sobrino del poeta, profesor de lenguaje y conocido animador de la televisión (la belleza de pensar y la belleza nueva).
Estos entregan algunas pistas para comprender el sentir de Lihn ante la
realidad, la vida y la muerte y contribuyen además a dar otro empujón
al carácter polifónico de esta lectura, agregando una tercera voz.
Me condené escribiendo a que todos dudarán
de mi existencia real,
(días de mi escritura, solar del extranjero).
Todos los que sirvieron y los que fueron servidos
digo que pasarán porque escribí
y hacerlo significa trabajar con la muerte
codo a codo, robarle unos cuantos secretos
(Fragmento de Porque Escribí)
LOS LIHN: CONDENADOS A LA IRREALIDAD (fragmento)
(..) Los Lihn, cada uno a su manera, son habitantes de una
“irrealidad” muy propia, de una distancia irónica frente al mundo
práctico, todos han sido víctimas de esa “rugosa realidad” de la que
hablaba Rimbaud. Lihn escribió un hermoso poema sobre Angélica -su
hermana y mi madre- que muestra a una fantasmal adolescente caminando
por las calles de París, extraviada, ausente. El poema dedicado a mi
madre es un autorretrato del propio Lihn y de su propia manera de
viajar, y recorrer las ciudades, como un espectador situado y sitiado
por la memoria y las trampas de la infancia y el lenguaje. Él
escribiría después París, situación irregular, cuaderno que muestra un
París más vertiginoso, más “posmoderno”, pero no por eso más real. Lihn
nos hace sentir que todas las ciudades son proyecciones de la memoria,
que todo lo transforma, y que no hay presente ni pasado posibles,
atrapados como estamos por las labilidades del deseo, eternos niños que
juegan en “la pieza oscura” de la realidad. (…)
Queda claro que para Lihn, la realidad y la existencia no se puede
concebir sin la escritura, sin el tamiz de las palabras por muy
enemigas que resulten a veces, eso lo vemos en el fragmento
seleccionado de Porque Escribí.
Me condené escribiendo a que todos dudarán de mi existencia real.
La escritura, su escritura se impone al ser, al punto de llegar a
negarlo, de modo que el arte no sólo reafirma al autor sino que muchas
veces también lo borra, lo tacha. Algo anecdótico que puede vincularse
y contribuir a un mejor entendimiento de esta problemática, se da en
torno a todas las existencias que el poeta como un pequeño o gran dios
de las letras realizó al dar vida a seres como Gerardo de Pompier,
sátira mordaz de la intelectualidad hispanoamericana, o por ejemplo al
hacer pensar a los chilenos que el poeta viñamarino Juan Luis Martínez,
no era más que otra de sus invenciones, al profundizar sobre la nueva
novela de Martínez en el ensayo Señales de ruta. En esto hay que
entender finalmente que la autonomía de la palabra se impone a la
biografía del creador por ello en ese vivir/escribir, días de su escritura solar del extranjero, hay que posicionar el origen y existencia de toda realidad escrita y re-escriturada por Lihn.
En ese devenir existencia/escritura de Lihn, el poemario Estación
de los desamparados desde el título, va más allá de lo material, por
tanto la realidad para el autor es más compleja que lo que atañe a una
mera dialéctica histórica. Como ya expuse en un comienzo
“estación y desamparados”, no sólo denota un sitio sino que connota al
universo humano por completo y por ende a la propia estación de Lihn, a
su vida desamparada y a la condición precaria que todo hombre, escritor
o no escritor, sufre, y en ese sumar de realidades hay que pensar la
condición política de Latinoamérica y en específico del Perú, ese
Perú del 72 entendido a la luz de este poema como una realidad
fantasmal que sólo cobra vida en la palabra, pues la escritura realiza
al mundo y da vida a las existencias, las sitúa en la memoria y dialoga
con los idiolectos del eventual lector.
De modo que la Estación de Lihn en el Perú, cruda, realista. polémica,
ofensiva, barbarizada y romantizada es Lihn, Lihn y su genio en un
lugar irreal como todos los lugares y objetos que aunque eventualmente
llegan a tener esencias, nombres y verosimilitud, es tan sólo porque
todos los residentes y habitantes los leemos y escribimos en el
vivir/escribir diario, de modo que todos servidos y servidores pasarán en esa escritura,
escritura que paradójicamente quizá nunca tenga destinatario, por tanto
por mucho esfuerzo que hagamos, por muy duro que sea nuestro intervenir
no cambiará en nada la suerte de las cosas, estas se vivirán, se
escribirán, se leerán pero no cambiarán su destino irreductible
sustancialmente vinculado al natural proceso de afrontar la muerte, y
aún cuando de los hechos históricos, políticos y poéticos surgán nuevas
vidas y escrituras, ello no hace más que perpetuar esta ilusión en
la palabra, este sueño Kafkiano compartido, personal o quizá negado y
condenado a existir tan sólo en las páginas privadas de quien les dio
vida y tuvo vida gracias a la magia de la poesía y el poder que el
rito solitario de vivir/escribir tiene sobre la muerte para robarle uno
que otro secreto antes de que venga a reclamarnos.
Autor: Daniel Rojas Pachas
Publicado en Cinosargo
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