CAPITAL

 

 

CAPITAL.

 

1

Algún oxido

citadino.

Pardas muecas,

agujeros y coches,

roídos como

manzana sucia

y célula de podrido cristal,

cantan en los dedos

de un advenedizo muchacho

y sus alas

grises por la respiración,

marcan la enfermedad,

la austral cabeza y el llanto en rueda.

Tu sensible pena

da vestido

a las niñas de

esquina bondadosa

y la derrota

de verte allí

me deleita con un bonus track…

Tu oscuro suelo, pisa

mi aire

de vista inflamada…

En mi horizonte se multiplican,

vísceras verticales y a

tardes sublimes

como las sendas de nuestra sangre,

se tienden amistosas

las bocas y

los metálicos gemidos

de tu público labio

de cuerpo entero

y certero orgasmo,

se dispone el

intercambio de amores,

cuando nada cree y sueña

cuando todo comienza a ser ajeno

y tu rostro es sólo,

el eslabón perdido

de un encuentro errado…

Vuelves a tropezar conmigo y las carrozas

y el mísero payaso…

Soy en esas miles de privadas revueltas,

ayahuasca y última cena,

una cinta, tu canción quemada

por el mudo cigarro…

 

 

2

Algo mejor.

Quién puede afirmar qué

o lo contrario,

espera rozando,

tu escurridiza

falda,

de nocturna furia

y antropófaga

rama,

cercenan

la pereza del alba,

los grilletes de tu

rodilla, junto a las pinzas

de mi dulce reja

y corriendo,

por los callejones del alma,

profusa forma

de mercurio y patas de mosca

depravada, las alambradas sin

delicia,

de esa comisura

que reposa entre tu yema y uña,

delinean la

esperanza,

no me queda más que afirmar, prendido

de tu adiós, que la estela de carne roja

sabe…

aunque;

Quién puede afirmar qué

o lo contrario…

 

 

3

La costra al costado

unida al cartón,

Mojado techo,

Ratas fraternas…

Un ciclón de pasos,

la bebida y

el néctar estrellado.

Ese pardo ácido,

en el rostro, junto a la saliva del

pueblo…

En mi esquina palacio,

comiendo la mierda feliz,

la cajita honrada.

La basura de mimos

y los niños que apuntan

la M de oro…

Al salir corriendo, de su burbuja,

la reunión paterna, materna…

La bofetada,

el insulto, la mirada oscura

y otra exhortación.

Un puntapié y de vuelta a tu hogar

A tu rincón estúpido,

de allí no sales

¿Por qué?

Para qué,

Si aquí tienes todo

El olvido alegre,

el justo perdón…

 

Autor: Daniel Rojas P.

www.carrollera.ohlog.com

 

 

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